Amor Incondicional o Condicionado?

Lo que Max me enseñó sobre amar de verdad



El amor incondicional es una de las características que hemos escuchado y leído acerca de las enseñanzas de los perritos, la cual aplican con tanta naturalidad que no hay duda de que saben su propósito en la vida. Pero ¿realmente nos hemos dado el tiempo de preguntarnos, investigar o profundizar el tema? ¿Es algo que hemos aprendido realmente de nuestros perritos o solo lo estamos repitiendo porque lo hemos escuchado tanto que lo aceptamos como verdad? Y aunque vemos a diario ese amor, ¿lo estamos aplicando realmente, con nosotros mismas, con nuestros perros, con nuestras familias, amigos, nuestro entorno?

¿Y entonces, qué es ese amor incondicional? ¿Cómo lo interpretas tú?

Se dice que es cuando alguien está ahí para ti cuando lo necesitas, sin pedir nada a cambio. Lindo, ¿verdad? Pero ¿es realmente incondicional, o en el fondo sigue siendo condicional?

Esta es mi interpretación.

El amor incondicional no depende de que tu perrito o alguna persona se comporte como tú esperas para merecer tu cariño. Este amor está en los días buenos y en los difíciles. No juzga de inmediato, observa, sostiene y busca entender. No significa permitirlo todo ni olvidarte de ti. Significa amar con presencia, con paciencia y con límites sanos.

El amor condicional, en cambio, se entrega solo cuando el otro cumple lo que esperas. Te doy cariño si te portas bien. Te pongo atención si haces lo que necesito. En lugar de buscar comprender, reacciona con juicio, con distancia, con castigo.

Y estos dos amores tienen una línea muy fina entre ellos. Se pueden cruzar sin darte cuenta.

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Teniendo esto en cuenta, ¿cómo es tu amor? ¿Condicional o incondicional? Puede que estés en los dos, y está bien. Aquí no estamos para juzgarte ni castigarte. Lo importante es que te des cuenta y te atrapes a ti misma en esos momentos de impaciencia, o incluso en los momentos en que sientes tanto amor por tu perrito que te cuesta poner límites. La idea es encontrar ese equilibrio, y ese equilibrio nace cuando el amor viene primero, antes que la expectativa.

¿Y qué amor es ese? Un amor en el que todo lo que hagas venga desde un lugar puro: que te comuniques desde el amor, que actúes desde el amor, que sientas al otro desde el amor, que expreses desde el amor. Un amor que ve más allá de un cachorro travieso. Ellos no quieren molestarte, créeme. Ni que te molestes con ellos. Ellos siempre van a querer hacerte feliz y harán lo que sea para que así sea, incluso si eso significa ser castigados o ignorados.

Escribo esto y me da tristeza, porque ellos no lo merecen. Son tan lindos y tan puros que no merecen ser castigados ni ignorados. Solo merecen amor y comprensión.

Y aquí viene un cuento de mi experiencia con Max.

Max normalmente hace del dos todos los días. Hay días que no le provoca y está bien, aunque son muy pocos. Ese día en el que empieza esta historia fue uno de esos. Físicamente lucía bien y tenía buen ánimo, o eso creía, porque por dentro su sistema parecía estar sintiendo algo diferente. Al transcurrir el día ese ánimo fue disminuyendo. No quería comer, no se movía mucho, y eso empezó a preocuparme.

No lo llevé al veterinario de inmediato porque a veces se pone así cuando se traga una media, cosas de Goldens, así que esperé un poco. Al día siguiente seguía igual, sin ánimos, sin comer, sin ir al baño. Ya no pude esperar más. Llamé al vet, les expliqué lo que pasaba y me dijeron: vente de inmediato, aquí los esperamos. En seguida tomé las llaves, la cartera y nos fuimos.

Nos recibieron, se lo llevaron a hacerle radiografías y el doctor salió con una noticia: había un objeto en sus intestinos, uno muy grande que le estaba obstruyendo el paso. De inmediato pensé en una media o un pedazo de cartón que había destrozado días antes. Teníamos dos opciones: operarlo o esperar que ese objeto terminara su recorrido natural. Para ser honesta, la operación no era una opción para mí. No quería hacerlo pasar por eso. Así que me llevé los medicamentos a casa y le pedí a Dios y a todo su gabinete una intervención divina para que aquello saliera victoriosamente.

Cumplí con el tratamiento al pie de la letra. Eso incluía levantarme dos veces en la madrugada para darle sus medicamentos cuando correspondía. Lo que sea por mi nene.

Max se sentía tan mal que ni la comida le apetecía, una de sus cosas favoritas. Solo tomaba un poco de agua. No movía la cola, no se levantaba si no era necesario. Todo su cuerpo estaba colapsado, en alerta.

Verlo así me revolvió todas las emociones, y quería estar para él de la manera que realmente me necesitara. Tenía muchas preguntas sobre el cómo, así que acudí a mis cartas de oráculo, que me encanta leer de vez en cuando. Necesitaba comunicarme con Max y saber con exactitud qué necesitaba en ese momento.

Tomé el mazo de cartas y saqué una preguntando: ¿qué necesita él de mí en este momento?

Salió una carta tan hermosa que dije: wow. Dejo todo y me entrego a Max por completo.

La carta de amor incondicional

La carta hablaba sobre la presencia. Estar ahí para él. Que sintiera mi amor incondicional, que aunque estuviéramos pasando por ese reto, lo único que me pedía era estar. No me necesitaba preocupada. No me necesitaba haciendo montones de cosas. No me necesitaba preguntándole cómo se sentía esperando un parpadeo como respuesta. Me pedía presencia. Me pedía estar a su lado, acariciarlo, leerle un cuento, mantener la paciencia en el proceso, sostenerlo emocionalmente y tener confianza en que todo saldría bien. Me pedía lo que ellos por defecto dan: amor incondicional.

Ya voy a llorar escribiendo esto. Lo siento, soy muy llorona, aunque no me veas. Lloro mucho cuando se trata de estos temas.

Así que no hice más nada y me quedé junto a él en el suelo, hablándole de lo bueno que ha sido, de lo bien que lo está haciendo, de que pronto se sentiría mejor. Agradeciéndole por todas sus enseñanzas y por la luz que ha traído a esta casa. Todo el amor que ha sacado de nosotros gracias a su presencia. Solo estuve.

Mientras le hablaba, se quedó dormido. Descansando su cuerpito que estaba en alerta por todos lados. Dejé que durmiera tranquilo, solo me quedé acariciándolo.

Ese día entendí el amor incondicional. No es solo prepararle su comida, no es solo jugar con él cuando lo pide o ir al parque cuando tiene la energía a tope. Es también quedarme quieta, en silencio o hablando con él, sin prisas, sin molestias, sin reproches. Estar desde el amor que siento por él, así como él lo ha estado para mí en tantos momentos cuando he necesitado su contención.

Pasaron como cuatro días en ese proceso. Al día siguiente de haberme quedado en el suelo con él, me acerqué y movió la cola. Me llené de alegría al ver su colita moverse. Se levantó con energía y sin dificultad, salió a la sala de lo más feliz. Mi esposo y yo estábamos felices de verlo con tan buen ánimo.

Bajamos a llevarlo a hacer sus cositas y se puso en posición para soltar el objeto misterioso.

Mi esposo y yo nos miramos sorprendidos y emocionados al verlo ponerse en posición. Nos volteamos y le dimos su espacio y su tiempo. Aunque, bueno, le tuvimos que echar una mano porque ese objeto estaba más largo de lo que esperábamos y no pudo terminar la operación por sí solo.

Lo que encontramos fue una señora media que salió por el trasero de Max. Larguísima. No sabíamos de dónde pudo haberla sacado porque en casa no tenemos ese tipo de medias, de esas largas de béisbol. Antes de que esto pasara fuimos a casa de mi hermana, así que quizás pudo haber sido de allí.

Gracias a Dios y a todos los involucrados que salió naturalmente. Tenía la confianza de que lo iba a lograr sin necesidad de una operación.

Esa mañana me llamaron del vet preguntando cómo iba el proceso de Max, y se alegraron tanto como nosotros. Siempre es bueno tener personas que se preocupan por tus cachorros tanto como tú.

Nuestra presencia siempre va a causar un impacto positivo en ellos. Siempre. Nunca será suficiente y ese amor nunca es desperdiciado. En todo momento ellos nos quieren a su lado, somos parte de su manada ahora y por la eternidad lo seremos para ellos. Darles ese amor incondicional y que lo sientan es indispensable en sus vidas, en su entorno, en su bienestar.

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Cuéntame en los comentarios: ¿cuándo fue la última vez que tu perrito te mostró amor sin condiciones, justo cuando menos lo esperabas?

Puedes compartir cómo estás viviendo el vínculo con tu perrito en este momento, si te has cachado amando con condiciones sin darte cuenta, o qué reflexión llegó a ti mientras leías. Lo que sientas compartir es perfecto. Max y yo estaremos encantados de leerte.

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Con amor Mafer AP.

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